A trece euros
El fútbol ya se ha acabado, toca esperar hasta que empiece la liga que ganará el Madrí. Ahora la pelota está en otro tejado, que visto su estado actual se va a derrumbar. Ayer volvieron a demostrar que les importa todo un bledo al sacar la bandera del relativismo más paroxista y jacobino que he visto en mi vida. Siguen con las risitas mientras algún resto nos cagamos de miedo con lo que se avecina, vecinos y vecinas.
Hace un tiempo solicité cordura y favor a los que dieron trabajo a los del paro de millones de personas. Hoy vuelvo a lo mismo. El que ayer se paró un rato delante de la televisión y vio lo que echaban, seguro que hoy está de muy mal ver. No se levanta un país jaleando de verdad a quien tira todo porque todo es nada. La cosa se levanta cuando se tiene algo apetitoso que llevar a la boca, no cuando es viejo y está sucio, como lo que se vio en la segunda cadena , no sé si en las demás, quedándome más mudo que a los que se dirigía esa señora que no para situada en el margen inferior derecho de la imagen.
Y al día siguiente, como tontitos , a sacar estadísticas de quien ha ganado el debate del estado calamitoso de la nación. No sé quien ha ganado y me importa una higa, lo que sí sé es quien ha perdido. Nosotros, queridos hermanos del saber dónde vamos y del no querer ni poder – por lo que se ve- evitarlo. Enhorabuena una vez más por otro debate tirado al traste donde lo que prima es el tú más, mientras lo verdaderamente importante – la nación- va a menos.
No sé si esto podrá ir a menos pero carrera ha cogido. Ya hasta presumen delante de todos – que no dicen ni pío- de no hacer caso a la ley y buscar rendijas por donde se pueda meter alguna erata – sí, con una erre-. Pero, cuidado, a algunas leyes, porque otras hay que cumplirlas a rata tabla, léase la del aborto. Y hablando de leyes, me gustaría que llevasen el nombre de aquél que las crea, a ejemplo de la Corcuera, para que las generaciones venideras puedan perder el culo ensalzando a sus grandes creadores y preocupantes de la patria. Sería un buen legado para el que con su creación nos ha honrado. O no.
Y para terminar, dar las gracias a la Iglesia por su nueva intromisión en la vida de los demás. Esta vez en la de los cubanos expulsados, no puestos en libertad – lo serían si se hubiesen quedado en su país- aunque los hayan alojado en hoteles de a trece euros la habitación. Quien da más. Y menos.
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