A vivir, la verdad

Ya sé lo que tengo que hacer para evitar tanto cabreo e indignación: escuchar la Ser. Esta mañana, muy tempranito para ser domingo, he escuchado en una conversación sobre la situación actual de nuestra pobre nación, más o menos, algo así como que “sí, que hay cuatro millones de parados – par empezar, esto es falso, hay más- pero que también trabajan dieciocho”. Toma píldora. Otra: “que nos critican en el extranjero el resto de los países para tapar sus propias deudas y que nos tienen envidia porque sus asuntos están en manos de nuestras empresas y bancos”. El programa se llama A vivir que son dos días. Sí, vivirás mucho menos, porque cuando salgas de tu casa y te des de bruces con la realidad te mueres. Increíble. Dicen que para ser correcto hay que oír de todo. Se puede ser correcto pero no tonto. Ah, y dicen – se me olvidaba- que todo independientemente de lo que diga Almunia. Lo gracioso es que este señor dice la verdad, no la que ellos quieren oír. Alucinante por no decir vergonzante. Ahora entiendo por qué no se puede hablar con ciertas personas de ciertas cosas y por qué odian tanto otras opciones radiofónicas. Que se queden con sus píldoras que yo prefiero las inyecciones aunque me hagan daño.
Y lo malo de esto es que no se queda en la emisora, se propaga por las ondas para cambiar la realidad y la historia hasta que no la conozca ni la madre que la parió. A vivir que son dos días pero con la verdad por delante y por detrás.

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