En urgencias
Tirarse en urgencias del hospital unas cuantas horas no es nada grato. Y lo digo yo que no era el enfermo. No sé si por los recortes, pero la urgencia, por las horas que se tiran unos y otros, la otra tarde no podía ser tal. Y es que, cuando no ves que se calibra la gravedad del asunto por si no es urgente, el copago aparece como idea y más si ves pacientes que, aparentemente, tienen menos dolencias que yo cariño a los culés. Por eso, sin duda, lo mejor es no tener nada de lo que padecer para, supuestamente y según lo visto, no tener que pagar, obligatoriamente y necesariamente, después.
De lo dentro no hablo porque para mi los médicos siempre han sido dioses. Demiurgos que en realidad lo son. No sé lo que le estarán haciendo al paciente al que acompaño, pero a él que le gustan tanto los chequeos, esta vez va a quedar tupido.
Otro tema son los acompañantes, esos que se tiran horas y horas y que como no les des de comer, ni se acuerdan de ello. Sobre todo las mujeres, esos seres de granito.
El lugar de espera es una sala no muy grande donde los altavoces no dejan de pronunciar nombres que hasta que no escuchas el de tu pariente, te suenan a chino. Que, por cierto, también frecuentan la sala y alguno no en muy buenas condiciones.
Llevar tantas horas en urgencias te hace ver y oír de todo. Algunos, al final caen rendidos y se duermen, actitud que les hace más normales ante la realidad que les ha tocado vivir, que no es otra que desear que se le pase a su pariente cuanto antes la dolencia aunque tarde mucho –demasiado- en pasar el tiempo.
Así que, cuando se va a urgencias hay que saber dos cosas. La primera es ir con motivo y la segunda es que la urgencia termina cuando entras por la puerta. Después todo es tranquilidad y pausa, metiéndose cada uno la prisa que se meta a menudo o bien, la que te dicten tus propios nervios.
Por cierto, el paciente al que acompaño subió a planta a las dieciséis horas de entrar en urgencias. Muy bien atendido pero como para llevar prisa.
Beni viene de Venice
Y lo hago a lo grande porque cada vez que uno viaja por algún lugar que no es el suyo siente cómo se agranda a lo largo y a lo ancho. Es una sensación difícil de olvidar y muy grata para retornar.
Lo malo de los viajes – o lo bueno, porque sólo el mero hecho de viajar lo es- es que lo que tu puedas decir ya lo han dicho otros. Por eso tengo la costumbre de no decir casi nada y que el interesado vaya al destino. Saldrá ganando y no sabe cuánto. Eso sí, de lo que me gusta hablar es de mis sentidos, porque como son míos, los expongo donde me sale, y éste es mi espacio y hoy toca hablar de Venecia, de la Serenísima y preciosa Venecia.
Lo primero en recalcar es que no subí –subimos- a ninguna góndola. No es un sacrilegio no hacerlo ya que preferí el vapporeto – que es exageradamente más barato y que también sirve para sentir la ciudad- aparte que estaban todas ocupadas por los chinos, que de tanto jugar a los chinos, se conoce que se han debido quedar con todo el dinero que hay en el mundo.
Sin contar demasiado, no se puede dejar de recomendar tres lugares para ver las estampas más maravillosas de la ciudad. Dos son desde puentes – cómo no, si está plagada de ellos- y otra desde el agua, que no olía lo más mínimo, como alguien me insinúo que sucedía. El puente de Rialto y el de la Academia son para estacionarse allí más de un rato – todos piensan lo mismo y yo no sé cómo no se vienen abajo- y así ser testigos de unas vistas preciosas, dotadas de uno color característico inolvidable. El viaje en vapporeto, a pesar del trajín de personas entrando y saliendo, es fundamental para ver la ciudad desde otro punto de vista – quizás el más importante- y sentir el ritmo de la misma y de sus gentes trabajando.
Y no me puedo olvidar de la Plaza de San Marcos, no podría hacerlo, llena de gente hasta los topes, con su espléndida Basílica y su no menos ídem Palacio, con la gran particularidad que la hace especial y es su codo con codo con el mar. Y ya vale, que no es poco, porque recomendar esta ciudad es obvio hacerlo.
Eso sí, y para terminar, decir que me olvidé de la crisis por un momento y de lo malo que no los están haciendo pasar los que ahora dicen que ellos no han sido. Pues por esto y por todo lo que atesora Venecia, gracias serenísima ciudad.
Coda: me encontré con un talaverano y que, encima , se llama Marcos. Magia.
Dos mujeres
Desde luego, no nos vamos a quitar la palabra banco de la boca nunca. Por una parte, porque cada vez hay más gente sentada en ellos, ya que no tienen nada que hacer por estar parados y por otra, porque son a los que la gente echa la culpa de todos nuestros males y que a pesar de ello, siempre ganan. Con la graciosa majestad que si no lo hacen perdemos todos. Es lo que hay y si no que se lo digan a los del último nacionalizado.
Pero hoy no pienso hablar de lo de siempre, de eso de lo que están llenos todos los periódicos todos los días (y que alguno expresaría de la siguiente manera: de economía, gilipollas). Por lo menos los que yo ojeo, que leerlos es otra tarea, ardua de narices. Hoy toca la otra vida, la que nos toca casi todos los días y con la que te das de bruces sin quererlo.
Sin ir más lejos, ayer, trasladados al proscenio donde se desarrolló la escena, vemos lo que vemos cuando contestamos a la llamada de una señora que tiene bajo su cargo a un señor que cumplía años y que se había emborrachado. No lo hicimos para felicitarle, que sería lo suyo, no; lo hicimos porque se excede no sólo los días que cumple años, sino todos los que puede, que son casi todos los que malvive. Podría ser una simple borrachera, pero no, detrás de su botella había un mensaje de miseria y de intentar prestarle ayuda. Y ahí entran los protagonistas de esta historia. Dos mujeres con dos cojones como el caballo de Espartero. Una vestida de blanco y la otra de verde. A cada cual más cojonuda. Ahí me las tenéis lidiando con un tío como vino al mundo y violento como un miura, pero al que hay que ayudar pase lo que pase y esté como esté. Una, hablándole de cariño y la otra de quien el necesitado más quiere, de su madre. Y entre las dos solucionaron el problema y ayudaron al pobre desdichado. Yo, orgulloso de mi compañera y de la dama de blanco. Qué lección nos dan las mujeres cuando ejercen de tales, y más vestidas de blanco hospital o verde cuartel, que entonces ni te cuento, y que por eso yo lo hago. Un placer ayudarlas y toda una lección recibida.
Coda: Esto lo escribí en un banco que había cerca. Dichosos bancos.
A las ocho de la mañana
En un país en el que hay que defender hasta su fiesta nacional, como son los toros, no creo que nadie se pregunte por qué hay que estar todos y cada un de los días insistiendo sobre lo mismo. En esto de los toros – a mí no me apasionan pero por ella corre sangre de mi país – es grato ver cómo personalidades intelectuales y políticas se parten el pecho para que no desaparezcan –léase Mario Vargas Llosa -. Está claro que podrían hacer lo mismo con otras presuntas pérdidas, pero al fin y al cabo están defendiendo su país y ésta defensa tiene muchos frentes. Y en el que hay que decir que Francia nos lleva la delantera, que ya solicitó que los toros sean patrimonio en letras mayúsculas. En lo demás, está por ver lo que hace el nuevo inquilino con sus campos y ciudades elíseas, pero que como haga lo que sus colegas han hecho en nuestro país, seguro que los coge el toro y los deja en bolas.
Y en bolas mentales me he quedado esta mañana cuando al sufrir sobre mi cuerpazo una resonancia magnética he sentido agobio. Qué malo es sentirse encerrado o parcialmente tapado. Los veinticinco minutos que he estado sobre ese ataúd color carne han sido los más largos de mi vida. Y me extraña porque no hace tanto me tumbé en el mismo sitio pero no a la misma hora. Que al final creo que ese ha sido el motivo de mi descontrol momentáneo, la hora. Idéntico al que tienen los defensores de los toros. Que si a las cinco de la tarde, hora taurina, España seguirá existiendo.
De nuevo Bogart
Después de ver Más dura será la caída (Mark Robson, 1956) uno agradece tener principios con los que estimular la vida para que ésta termine donde debe. No recordaba nada de la película, excepto el rictus enfermo de Bogart que anticipaba su muerte. Me ha gustado mucho, entre otras cosas porque te enseña las calles de la ciudad mágica como nadie. Y no temo equivocarme porque no hay ciudad como Nueva York para ponerte todos y cada uno de los pelos de punta. Con solo ver un rinconcito te conformas. Volveré.
No sé si se me nota, pero cuando veo películas como las que hacían antes, me emociono tanto que me olvido de la película que tenemos montada aquí abajo. Y digo bien, porque el cine es el cielo, ese lugar que te aísla para darte la vida que buscas en ese momento. Como esta película de gente que por dinero hace lo que sea, incluso permitir que el pobre diablo de turno arriesgue su propia vida por un puñado de dólares. Esta vez es Bogart el que nos salva la vida, pero mañana será Gable, Wayne, Grant, Newman o esa larga lista de salvadores de la patria que atesora cada uno.
Y, como la verdad sea dicha que después de ver y sentir lo que intento describir, no me apetece nada ponerme con los que aquí sólo piensan en el dinero y en engañar al prójimo. Y como su caída parece que no está muy próxima, me voy a tirar en el sofá para seguir soñando que todavía queda gente encarnada en personajes que como Bogart nadie borda y en películas como la de Robson. Chapeaux que diría Sarko.
La entrevista
Acabo de escuchar una entrevista que le han hecho en la radio de Herrera al presidente de nuestro país y si es por lo que ha dicho y cómo lo ha dicho, podemos estar tranquilos porque sabe lo que hace, aunque tenga que hacer cosas que no le gustan. Por lo tanto, hoy como con el Caserío, me fío. Mañana Dios dirá, que como él también dice, puede ser que tenga que hacer otra cosa, como de hecho le ha pasado, pero que todo sea por este país nuestro arruinado por quien todos sabemos, no olvidamos ni perdonamos.
Francia también ha dicho que vuelva otro que el que estaba no vale. Nosotros ya lo dijimos en su día pero con el agravante que el anterior no es que no dejase ni solar, es que dejó socavón. En eso han salido ganando los vecinos, ya que no están tan rematadamente mal como lo estábamos aquí. Que tengan suerte, que la van a necesitar.
Así que, hoy parece que he empezado el día más optimista que otros. Da gusto oír lo que uno quiere escuchar y que creas que no te mienten, no como hace no tanto. Que la cosa está jodida, es evidente, pero, por fin, oír que al año que viene empezaremos a salir de donde estos tíos nos han metido, gusta y tranquiliza.
Lo que sí tengo que rectificar es sobre mi afirmación de que no necesitamos que nos den explicaciones sobre las medidas que están tomando y que a nadie gusta. Lo digo porque me ha ayudado la entrevista para darme un poco de optimismo. Me imagino que a otro que lo necesite más que yo, porque su situación es peor, le vendrá mejor.
Y lo que sí sé es con lo que se van a quedar de esta entrevista los que ahora dicen que yo no he sido, cuando todos sabemos que sí lo son. Hablarán sobre que el entrevistado ha insinuado de dar dinero a los bancos y punto pelota. Pobres. Por eso me alegro que estén en el banco opuesto, ya que ahí hacen menos daño.
Vivir a los Simpson
De nuevo en libertad y el resto servicio normal. Como siempre, firmar los uno y los quince y sin ningún tipo de escarmiento – sólo lo será para el que no sepa echar el garabato, me imagino -. Por lo que su carrera hacia la calle, donde esperaban multitud de seguidores, fue visto y no visto. Esta es la sencilla secuencia de lo que ocurre en un juzgado casi todas las veces. Pues nada, servicio normal si es que lo puede ser después de lo que ocurre.
Esto, lo otro y lo de más allá, me hace pensar si no habría que buscar juzgados malos tal y como ahora buscan bancos malos para esconder tóxicos típicos, típicos tóxicos. Lo de los bancos parece que ha funcionado en algunos países pero en este nuestro donde nada funciona, no sé, no sé. Desde luego, la cara que se te queda después de la estampida que se pegan tras oír la sentencia no es para que nadie la vea, por lo que cada vez pienso más lo bien puesto que está el nombre a nuestro programa informático. Hay que seguir a pesar de los pesares.
Y es que, está claro que ganan los malos – excepto en fútbol que ha ganado el mejor – por lo que cuanto antes nos hagamos a la idea mejor trabajaremos. El curro hay que hacerle aunque sea para almacenar lo que en un futuro, se supone, servirá. Algo así como lo que hace Homer Simpson cuando arroja muelles por la taza del wáter que terminan en el mar, para que después salve la vida de su hijo y de su padre cuando el barco de recreo en el que viajan naufraga. No se hunde porque rebota en los muelles que ha tirado Homer durante años.
Pues, por esto y por mucho más, cada vez pienso que lo mejor es vivir a lo Simpson que por lo menos te ríes. Ja, ja, ja.
Hay cosas que no cambian
Aunque todavía esté bajo la resaca del espléndido triunfo madridista en la liga más difícil del mundo, fraguada después de sendos triunfos en los campos más antimadridistas del universo, léase barsa y Bilbao, hay que volver al lío diario, que sigue liado.
Terminando de leer un artículo de Arcadi Espada – catalán- en el que dice que nos mienten al decir que España es una gran nación, tengo que estar de acuerdo con él y reafirmar lo que él dice, que el respeto se nos perdió durante el mandato del que, gracias a Dios, ya se ha ido pero que actualmente tampoco se lucha mucho porque nos lo devuelvan, viendo los episodios de Argentina o Bolivia, olvidándose de si pagan o no y de si estaba dentro de unos acuerdos que se tenían con los bolivianos. No sólo se va despacio en hacer reformas sino en restaurar honores. Aquí hay que dar caña a los de dentro y a los de fuera, no hay otra forma de entender por esas duras entendederas que tenemos y tienen.
Por esto, y espero que no por muchas cosas más que sigan ocurriendo, sólo soy del Madrí, que es lo único que da satisfacciones y tiene cojones a la hora de la verdad – que se lo digan a los catalanes y bilbaínos- para defender lo que representa, que no es otra cosa que a España, dentro y fuera de ella. País que antes era una nación y que ahora no dejan de nacionalizarle empresas. Tantas que al final vamos a tener que mandar a Cristiano para que les enseñe lo que demuestra y tiene cerca de ese muslazo tan mediático, con corte de mangas incluido para el que se acerque a nuestros dominios, como le pasó a ese jugador del Bilbao, expulsado por manazas y que seguro que termina en el otro campo antimadridista.
Y para terminar, alegría nueva: ha bajado el paro, pero parece que no le prestan mucha atención porque dicen no sé qué de Semana Santa. Es decir, que seguimos con la cruz. Endosada, que no se olvide, por los de siempre. Que hay cosas que no cambian.
¡ Hala Madrid !
Anoche los seguidores blancos nos acostamos campeones. En mi caso es literal porque dormí con la camiseta puesta que todavía llevo. Hasta que no huela no me la pienso quitar, porque para un acontecimiento feliz que tiene lugar hay que saborearlo y empaparse de él. Qué día más cojonudo. El Madrí se hizo grande en una Catedral donde perdieron los feligreses el señorío por no aplaudir al campeón en vez de pitar e insultar al mejor. A partir de ahora, es capilla y no catedral. La catedral fue el juego del Madrí y su título conseguido.
Y como ahora mismo son casi las seis y media de la tarde voy a dejar esto porque tengo que volverme loco al ver en Telemadrid al mejor equipo del mundo por los siglos de los siglos pasear por su gran capital y rodeado de los suyos. Mañana será otro día y seguro que no tan feliz.
Restar en vez de sumar
El Madrí esta noche puede ganar la liga y sus aficionados un catarro cuando nos bañemos en la fuente. Dicen los leones que les van a joder la celebración, pero creo que se van a equivocar de largo, porque hoy el mejor equipo de todos los siglos se los va a comer. A ellos que para algunas cosas y con algunos son muy valientes pero que para otros asuntos, que prefiero no mencionar, esconden su rabo y garras entre las piernas. Por eso y por mucho más van a perder. Y ojalá con humillación.
Igualita que esa que nos hacen pasar algunos con su pasar. Dentro y fuera de este país, nación o lo que quiera que termine siendo. Dentro con los del yo no he sido, cuando casi no dejan ni el solar y fuera con los que no tienen los santos cojones para protestar por las bofetadas que nos están dando como si fuésemos unos payasos. Porque al boliviano éste, nacionalizador de lo que no es suyo, en la pasada legislatura se le condonó la deuda que tenía con nuestro país. Que, por si alguien no lo sabía, asciende a unos sesenta millones de euros. Cifra que creo que los que ayer gritaban por las calles de Madrí no conocían. Ya, ya.
Y es que, aquí, los enemigos a batir siempre son los mismos. El Madrí y España. El Madrí este año va a ganar por lo menos la liga, pero ¿y España de los España de toda la vida, qué va a ganar? Hasta ahora sólo pierde. Por un lado, esperanza y por otro credibilidad y respeto. Cuando va a ciertos sitios del norte, la pitan y cuando sale fuera, la roban. Latrocinios a tutiplén donde quiera que vaya. Y que no se nos olvide que esta situación la trajo quien la trajo, que en qué puñetero día le conocimos. Porque antes daba gusto decir que eras español, no como ahora, que si no ser ríen te abofetean, eso sí, a la argentina o a la boliviana, y que se quede ahí. Por eso soy del Madrí y de nadie más. Por lo menos hasta que sientan lo que yo sufro cuando veo lo que veo .Qué. Pues pocas prisas en solucionar los problemas actuales y pasotismo en los de siempre, en lo heredado por los que gritan ahora, sin pedir perdón, pero que perdonaron deudas a quien no se lo merecía. Como ellos. La pena es que el resto no se entera y por eso no dejamos de restar en vez de sumar.







